Vete

La muerte llega con pasos suaves, con manos precisas pero en sueños de otoño no de inviernos.

Inviernos intensos de amantes pueriles, de costumbres que amargan las noches y alargan la pausas. Cenas de silencios con aderezos de suspiros y postres de olvido.

Vete amor mío, busca tu caballero andante, aquel que aun te anhela, aquel que aun te sueña. Ve tras sus manos, deja que te envuelva en su pecho y duerme lejos de mis tormentos. Duerme dulce amapola, vive sus noches, despliega tus alas y sueña.