03.04.2014

Destrózame entonces, arráncame los brazos y llévalos contigo. Escudriña bajo mi piel y encuentra tus anhelos.

Rompe mis huesos e invalida mis andares, no me dejes huir de ti. Amarra mis impulsos, contén mis arranques de niño y doblega mi voluntad.

Armame de nuevo, a tu diseño, a tu antojo, a tus deseos.

Solo no destruyas aquello que te añora, no rompas mis lazos, no coloques piezas nuevas, no incrustes tus manías, no ensambles mis piernas con tus caprichos.

No revuelvas lo que ya soy, lo que esconde mi mente, lo que aguarda mi corazón... que eso mi vida es lo que te ama enteramente.




Novia

El tiempo, el destino la habían dejado sin amantes, sin amores. Todos se alejaron pero no dieron la espalda sin antes dejar huella: construyeron sus castillos, alimentaron sus esperanzas, acercaron su cuerpo al cielo prometido.

Su corazón sangraba, pero tuvo siempre sueños para aliviar sus males. Había elegido vivir con esperanza antes que morir con la desgracia.

Cada luna llenaba sus manos de colores, de flores frescas. Eran sus ilusiones reconstruidas, renovadas que sujetaba con fervor. No dejaría que sus esperanzas se marchitarán al sol. Eran una ofrenda a sus santos, un tributo a sus demonios. 

Permanecía quieta, trasladándose a tiempos de buenaventura.  Aguardaba con un corazón rebosante de ternura, lleno de calidez que se desbordaba. Calidez y ternura, cual tesoros inmensurables, que guardaba en las luces del atardecer.

No mataba sus sueños, no aniquilaba sus esperanzas. Las llevaba siempre en la sonrisa y las entregaba en su mirada.