Novia

El tiempo, el destino la habían dejado sin amantes, sin amores. Todos se alejaron pero no dieron la espalda sin antes dejar huella: construyeron sus castillos, alimentaron sus esperanzas, acercaron su cuerpo al cielo prometido.

Su corazón sangraba, pero tuvo siempre sueños para aliviar sus males. Había elegido vivir con esperanza antes que morir con la desgracia.

Cada luna llenaba sus manos de colores, de flores frescas. Eran sus ilusiones reconstruidas, renovadas que sujetaba con fervor. No dejaría que sus esperanzas se marchitarán al sol. Eran una ofrenda a sus santos, un tributo a sus demonios. 

Permanecía quieta, trasladándose a tiempos de buenaventura.  Aguardaba con un corazón rebosante de ternura, lleno de calidez que se desbordaba. Calidez y ternura, cual tesoros inmensurables, que guardaba en las luces del atardecer.

No mataba sus sueños, no aniquilaba sus esperanzas. Las llevaba siempre en la sonrisa y las entregaba en su mirada.