Matar o morir. Morir en tu olvido o matar tu presencia. Morir en el descuido egoista del dolor, en la absorción de los momentos que regresan a la vida, que materializan temores guardados y empolvados por el dolor.
Matar deliciosamente tu olor, morir en tu propia muerte, contigo hasta el fin.
Dar vida al extraño que no tiene memoria de ti, que nunca te ha admirado, que nunca te ha sentido, vivido.
Matarte por fin e inventar un nuevo mundo sin tu recuerdo, donde los pies no van cargados de tus pasos, donde tu nombre no construye suspiros, ni tu recuerdo emerge añoranzas de un mundo viejo. Donde a pesar de todos los siniestros aún sobrevive tu espacio.