En surcos de arena he quemado mis pies, tras serpientes del desierto deje mis huellas.
Desprendí segundas pieles, cual vidas olvidadas las entregué a tu voluntad. Aún con carne en ellas las engulliste.
Vidas perdidas, ilusiones mancilladas, lagrimas negras y pedazos de corazón fueron tu orgullo.
Ya he alimentado mi cuerpo con tus entrañas, he vomitado ya mis sueños.
Ya nada queda en mi para ti.